Chevrolet, la “maravilla” suiza de EE UU

Ghania Adamo

Nacido en La Chaux-de-Fonds, en 1878, Louis Chevrolet cedió su nombre a una de las principales marcas de automóviles del mundo sin obtener un solo “kopek” a cambio. Un viaje extraordinario, narrado por el escritor Michel Layaz, a través de la recién publicada biografía de Chevrolet.

Rápido, siempre más rápido, acelerar como un bólido. Así es como avanzan “Las vidas de Chevrolet” (Éditions Zoé), una biografía ficticia de Michel Layaz, un talentoso autor francófono. Oraciones cortas y un estilo inquieto construyen un relato escrito con precisión, eficacia y delicadeza. Cada capítulo integra algún viraje, a veces peligroso; otras, feliz, que cuenta las múltiples “vidas” que tuvo el hijo de un relojero del Jura, nacido el 25 de diciembre de 1878, en La Chaux-de-Fonds. Su madre: María. Su padre: José. La fecha profundamente simbólica en la que nace Louis se suma a los predestinados nombres de sus padres para hacer de él un ser fervoroso. Michel Layz lo ve como un “rey de los leales, un justo entre los justos”.

Louis Chevrolet es el fervor encarnado, ¡pero secular! Uno que forjó un destino extraordinario y una marca eternamente famosa: Chevrolet. El auto Chevrolet. Louis era un ardiente piloto de carreras, un mecánico con destreza proverbial, un ingeniero que fue autor de inventos sensacionales, y un apasionado empresario poseedor del fuego sagrado, pero también de una ingenuidad irritante. ¿Cómo es posible que un hombre tan brillante haya cedido su nombre a General Motors sin recibir a cambio ninguna recompensa financiera?

Manos a la obra

Estamos en el año 1913. Tras una discusión con Billy Durant, director de General Motors, Louis cede al famoso fabricante de automóviles estadounidense (para el que había diseñado vehículos anteriormente) el derecho a utilizar, en exclusiva, el nombre de Chevrolet. “Lo que sucedió después fue cruel. El éxito de la marca Chevrolet no tardó en llegar. Y Louis no obtuvo ni un kopek de esa montaña de oro en expansión”, escribe Michel Layaz. Para escribir su libro, el autor realizó varios meses de una profunda investigación sobre la vasta personalidad de su héroe. 

“Jamás se permitió el lujo de la melancolía y menos aún el auto análisis. Pragmático, concreto, Louis se implica a fondo y se pone manos a la obra.  Hay que decir también que eso es lo que deseaba en ese momento. A principios del siglo XX, Estados Unidos iba a la zaga con respecto a Europa en materia de autos. Hablar de coches era hacerlo de Francia, Alemania e Inglaterra. El Viejo Continente es el fermento de los inventos técnicos. Pero muy rápidamente, los estadounidenses reaccionan. Diseñan sus propios vehículos y pistas de carreras. La competencia ya no existe: están exultantes”, explica Michel Layaz

El exilio

El talento europeo puesto al servicio de la industria automovilística estadounidense y sus circuitos deportivos produjo verdaderas leyendas. Louis, cuyo origen suizo era totalmente desconocido del otro lado del Atlántico, es visto como el Marvel de la velocidad francesa. “La maravilla francesa de la velocidad, exclaman los periodistas estadounidenses, asombrados por la destreza del helvético”. Louis pasó por Francia antes de emigrar a Estados Unidos. Apenas tenía 10 años cuando su padre, sin un centavo en el bolsillo, abandonó el Jura helvético para establecerse con su familia en Borgoña, en busca de una vida mejor.

Un flash. Y aquí tenemos la foto de familia, ahora establecida en Beaune: los padres y sus siete hijas e hijos, incluidos Gaston y Arthur, quienes más tarde fueran fieles apoyos de Louis en Estados Unidos. Michel Layaz enmarca la foto en un capítulo entrañable que deja brillar el futuro de los niños. “En el clan Chevrolet hay intrepidez, una fuerza tranquila y también una connivencia que es muy difícil que exista entre la gente. Si observamos con más detalle, veremos que en los ojos de Louis hay un vago parpadeo, como si estuviera midiendo el tiempo antes y el tiempo después de la fotografía”.

El récord de la milla

Su cita con la historia tuvo lugar en mayo de 1905. En el antiguo hipódromo de Morris Park (Nueva York), Louis “batió el récord de una milla”. Fue su primera carrera. Luego condujo un Fiat. Fue una época bendita para él porque un año antes había conocido también a la bella Suzanne Treyvoux, con quien se casaría. Su corazón logró conquistarla. Y llegaron después otras victorias, pero en el ámbito deportivo.

Louis vuela de carrera en carrera, de éxito en éxito. Pero su ambición empresarial se enfrenta a la competencia de las grandes automotrices estadounidenses (Ford, entre otras). La Chevrolet Brothers Manufacturing Company, que fundó con su hermano Arthur en 1921, en Indianápolis, no se mantuvo por mucho tiempo. ¡Da igual! Louis posee una riqueza inquebrantable: el optimismo. El hombre pondrá en marcha otros proyectos. “Nunca te rindas”, era su lema.

Hace unos años, se pidió a los estadounidenses que enunciaran los 10 nombres más famosos de Estados Unidos y Chevrolet fue uno de ellos. “Leí esto en una revista”, puntualiza con emoción Michel Layaz.

Nacido en 1963, el novelista suizo Michel Layaz se hizo un prestigio como autor al publicar obras como “Las lágrimas de mi madre” y “El lamento alegre del idiota”. En 2007, participó en el libro colectivo que defiende la idea de una literatura mundial escrita en francés (Gallimard 2007). Sus libros han sido premiados en varias ocasiones (Premio de Literatura Suiza, Premio Bibliomedia, Premio Dentan, Premio RTS Listener, entre otros). Sus novelas exploran la complejidad y los peligros de las relaciones familiares. Algunas de sus obras están traducidas a varios idiomas. Es profesor a tiempo parcial en la Escuela Comercial Profesional de Lausana y en el Instituto Literario Suizo de Biel.

www.swissinfo.ch

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