ESPIONAJE CRUZADO EN EE.UU: ¿Investiga el FBI a Trump?

La acusación a Obama de pinchar teléfonos se vuelve ahora contra el actual presidente

Jordi Barbeta, Corresponsal en Washington.

Después de que Donald Trump acusara a su antecesor, Barack Obama, de espiarle durante la campaña electoral, el senador republicano Lindsey Graham planteó el peor de los dilemas. Vino a decir: “No sé qué es más preocupante, que un presidente espiara a un candidato adversario o que un juez encontrara indicios suficientes como para autorizar la investigación con escuchas telefónicas del candidato que luego se convirtió en presidente”.

La acusación de Trump a Obama está resultando un muy mal negocio para el presidente. Sólo un tribunal secreto que actúa sobre sospechosos de trabajar para los servicios de inteligencia extranjeros podría haber autorizado las escuchas. El comunicado del portavoz de Obama dejaba claro que nadie de la Casa Blanca había ordenado tales escuchas, pero dejó abierta la posibilidad de que el Departamento de Justicia hubiera abierto una investigación por su cuenta.

La cuestión ahora es si Trump mintió cuando denunció las supuestas escuchas o si de verdad fue sometido a vigilancia, lo que le convertía automáticamente en sospechoso. Metido en tal berenjenal, el presidente ha evitado a los medios durante toda la semana, firmó sin luz ni taquígrafos la nueva versión del decreto considerado antimusulmán y ayer no aceptó preguntas en una breve comparecencia sobre la reforma sanitaria.

Quien ha sudado tinta ha sido el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, viéndose obligado a responder reiteradamente a la pregunta:¿Está siendo el presidente objeto de una investigación? La primera vez, Spicer respondió: “Hemos pedido al Congreso que investigue”, pero añadió a la respuesta el desmentido sistemático de los vínculos del equipo de Trump con autoridades rusas, que de momento ya costó la dimisión de un jefe de prensa, Paul Manafort, de Michael Flynn como consejero de seguridad y la inhibición del fiscal general, Jeff Sessions, de las investigaciones. La repregunta era obligada: “¿Está diciendo que existe una posibilidad de que el presidente figure entre los investigados por la conexión rusa?”. Ahí Spicer farfulló para negarlo pero mezclando de nuevo los asuntos. La conferencia de prensa continuó y al cabo de un rato le pasaron un mensaje y Spicer volvió al tema: “Sólo quiero ser muy claro en un punto y es que no hay razón para pensar que el presidente está siendo investigado”.

De momento todo es información reservada, pero varios medios han publicado que las investigaciones de un equipo de contraterrorismo se centran en la conexión entre el servidor de un banco ruso y la organización empresarial de Trump. James Comey, el jefe del FBI, tuvo que informar el jueves a puerta cerrada a la denominada Banda de los Ocho, es decir, los líderes del Congreso, republicanos y demócratas, del curso de las investigaciones. Adam Schiff, principal demócrata en el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, se quejó de que Comey no diga públicamente lo que les dijo a ellos: que “no existe ninguna evidencia” que confirme la acusación de Trump a Obama. Los demócratas están convencidos de que Trump mintió y están decididos a que se haga público, sin renunciar a la investigación sobre la interferencia rusa en las elecciones. Quieren aprovechar además para forzar la publicación de la declaración de impuestos de Trump que el presidente se ha negado a entregar antes y después de las elecciones.

 

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