“Ya aprendí a endulzar el café”

Víctor Elías Aquino

Una buena mañana, sin proponértelo me hablaste del futuro sin ti, de la post-modernidad y de lo que sería para mí el siglo XXI. Esta fue tu expresión –“mis huesos estarán blancos en la tumba, y cuando mires el fondo de la taza te acordarás de mi”.

Fueron palabras de Ramona, mi progenitora; moni para para papá. Se refería en forma educada y delicada a un hábito que debía cambiar, a la costumbre de dejar la taza con azúcar en el fondo, al terminar el último sorbo. Cuando la miré a la cara, me lo dijo en lenguaje de agrimensora, “tú nunca habrías podido ser ingeniero, no sabes medir”. Mamá, es cierto, todavía me desubico con el norte, el sur y el éste si estoy bajo techo y también al aire libre. Pero, te tengo buenas noticias, ando buscando la “rosa de los vientos”, y como dicen los políticos “vamos avanzando”, pero no la encuentro.

Mamá, “-ya aprendí a medir a cantidad de azúcar que requiere un poco de café”, pero lo que no vas a creer ya está ocurriendo, no sólo papá se bebió hasta los últimos días el café sin azúcar. Aquí se ha desatado una epidemia, Antonielo, Carlos José y hasta las hijas de Silvia, que se beben el café amargo. Pero, no te emociones mucho, me bebo el primero amargo, para limpiar el cuerpo, es que me ha hecho rebajar, “soy el mismo caderù como me decías, pero tengo la barriga más plana, me pongo pantalones talla 32, 33 y 34.

La mala noticia es que sólo bebo el primer café amargo, al otro le hecho un poco de azúcar. Un amigo del alma que conociste me dio la Receta, fue Danilo, ese poeta en ciernes que iba a hacer tareas de la universidad conmigo a la Nicolás de Ovando, junto con Nelson Pineda, el azuano que bebía mucho. De tanto beber se bebió la vida.

 ¡Sabes qué… Cuando echo el azúcar sonrío, con la misma cara que me viste gatear por primera vez, y el triunfo fue de los dos, me tomaste de las manos para afirmar mis primeros pasos, papá estaba expectante, quizás rogando porque lo lograra.

 Es posible que se cumpla tu sentencia sobre tus huesos en la tumba prestada de la Avenida Máximo Gómez, pero hay personas en la tierra que no pueden pasar un solo día sin recordarte, para muestra un botón, ahí está Sonia, todos los días te menciona, ya sea con una referencia, un testimonio o un recuerdo hermoso.

Tú recuerdo es imperecedero. Sonia está tan pendiente de todos que, estando en Miami, Estados Unidos, a veces sabe más de lo que pasa entre nosotros que nosotros mismos. En verdad, Sonia tiene un problema que heredó de la tía: “ama de demasiado a la familia”.

Quisiera seguirte contando o cosas, pero sabes que soy periodista, y tengo que levantarme de madrugada, tan temprano como cuando trabajaba en Rahintel de Leonel Almonte. Luego te digo. Luego te hablo sobre Bertha, Antò, Noraima, Silvia, Liselott, Ca, Dani, Jacobo Silvia, Mirelis, Elías.

No creerás cuánto ha cambiado el mundo, hablamos todos los días, aunque estemos lejos, puedes hablar y ver las caras de la gente aunque estén en cualquier país del mundo, a través del teléfono personal, es Watsap, repìtelo mamà, Watsap…Ves ya aprendiste a pronunciarlo.

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