Una ¨largada¨ de cuervos

Sergio Folcadell

Ustedes dirán que soy un tipo raro porque simpatizo con los cangrejos, me agradan las arañas, entrevisto a las serpientes y a bolígrafos y por si fuera poco me sigue gustando mi mujer después de cuarenta y cinco años de casado, y por eso soy, como las ballenas, un animal en peligro de extinción.

Además, me precio de admirar a los cuervos, esos pajarracos vestidos siempre riguroso luto como si fueran empleados de pompas fúnebres, sin lucir una sola pluma blanca, roja, azul, o verde que alegre su vestido de nacimiento, como les sucede a los periquitos o las cotorras. Sus caras son feas y lucen un aspecto de vagabundos desaliñados y sinvergüenzas a ultranza. Además tienen la suerte de que su carne no es apreciada por lo que se libra de ser una pieza de caza.

Pero sucede que los cuervos son unos de los animales más inteligentes que existen en el planeta y el que más en el reino las aves. Muchos científicos lo afirman y numerosos experimentos hechos con ellos lo demuestran. Ya veremos un par de ellos un poco más adelante.

Otra característica que los definen es su capacidad de oportunismo, lo mismo comen pan que papas, fritas (en los resort las roban a los turistas de sus platos) queso, arroz, frutas o cadáveres en descomposición. Lo que aparezca y alimente sin considerar sabor, frescura u olor, y es por eso que esta especie sobrevive y prospera en tantos países y hábitats diferentes mientras otras especies de vida y alimentación especializada se extinguen por falta de comida y el cambio climático.

También como a las urracas, pero en menor grado, les gusta acumular en sus nidos objetos que brillen simulando la plata o el oro al igual que les sucede a tantos políticos de nuestro patio. Su canto no es bello ni armonioso sino un tanto agrio y desagradable, por eso el cuervo no canta sino que grazna y trae malos presagios entre muchas gentes sencillas de los campos y de las ciudades.

El cuervo es dentro de su tamaño pequeño-mediano, dominante, mandón, impertinente. En mi casa algunas veces aparecen algunos de ellos que vienen a picar, lo que por su carácter podríamos decir a robar, la comida que en el jardín les ponemos a las rolitas, los gorriones o los ruiseñores que a diario acuden a desayunar y almorzar en el que es ya es uno de sus restaurantes habituales.

Pues bien, cuando bajan y comen los cuervos no hay más ná para nadie, los demás comensales tienen que apartarse y esperar a que el usurpador llene su panza y se vaya. Ya se sabe que en el orden animal el pez grande se come al chico, al igual que en el humano el fuerte se traga al débil.

Cuando hacía el servicio militar bajo tiendas de campaña por las llanuras de Robledo, en la provincia castellana de Segovia, una compañía cercana a la mía tenía un cuervo joven que habían capturado al cual adoptaron como mascota, le mimaban mucho y daban toda clase de comidas, golosinas y cuidados. El cuervo no se movía de allí ni echado a escobazos. Algunas de estas aves si están en cautividad pueden aprender a repetir algunas palabras o frases cortas. Veamos el que sucedió en este caso y que lo vi repetidas veces.

Al llegar un oficial a la compañía por protocolo de saludo el centinela de la entrada decía ¡Compañía, un capitán!¨ o un teniente, según el grado. Pues bien, a las pocas semanas cuando aparecían los oficiales el cuervo que estaba en la primera tienda decía ¨compañía, un teniente¨ o un capitán, bastante claro aunque no muy alto por suerte para él, pues si los oficiales hubieran oído el saludo lo habrían poco menos que fusilado treinta veces. Lo que nunca llegó a aprender fue distinguir el grado de ellos y a veces decía teniente cuando era un capitán y viceversa, capitán cuando era un teniente. Que acertase en los rangos viendo un uniforme casi igual ya era demasiado pedir.

Otro fenómeno. Vi un reportaje impresionante en el que a un cuervo se le mostraba por primera vez la escena real de un hombre con un cubo y una soga subía y sacaba agua de un pozo para beberla. Acto seguido en un set neutral le pusieron al cuervo un pozo en miniatura de unos dos pies de profundidad con un cubo pequeño adecuado a su tamaño y el amigo -el cuervo- lo metió dentro del pozo y lo iba sacando después tirando con el pico y con las patas sujetaba el hilo -la soga- tramo a tramo como si fueran brazadas, al final lo sacó lleno de agua y bebió de él. Díganme que otro animal hace algo así, a la primera, ni los famosos tigres de Bengala en los circos pasando por aros de fuego, ni los mimados delfines de Miami que tantas monerías hacen para diversión de los turistas.

Otro reportaje que también vi mostraba unos cuervos en Australia o Tailandia, no lo recuerdo bien, que se habían trasladado a una zona urbana donde habían unos árboles nogales cuyo fruto, las nueces, les serviría de alimento durante una buena temporada pero tenían el problema de que no podían abrirlos pues la cáscara resultaba demasiado dura para sus picos. ¿Qué hicieron estos Einsteins voladores? Pues dejaron caer las nueces en una calle cercana y así los carros servían de cascanueces, rompiéndolas bajo sus ruedas, pero como decía la fábula aquella de Samaniego que a un panal de rica miel diez mil moscas acudieron y por golosas murieron presas de patas en él, algunos cuervos mientras comían ávidamente las nueces fueron atropellados por los carros quedando más planchados que una servilleta de restaurante.

Pero como los sinvergüenzas no ceden al primer fracaso, los cuervos recurrieron a otro método más eficaz. Observando el tránsito dejaron caer las nueces no en medio de la calle sino en el paso de peatones y esperaban a que pararan los carros en la luz roja del semáforo, y ahí sin peligro alguno pues los peatones lo respetaban, comían el fruto apetecido hasta que la luz verde tocaba la retirada. ¿Les parecen inteligentes? A mí super inteligentes. Tal vez consultaron el código de circulación de ese país. Deberían estar en las universidades en lugar tantos otros que no dan para ello.

‘Los cuervos, por si fuera poco, por su comportamiento han entrado en como referentes al humano y son considerados a veces como pájaros de mal agüero como ya hemos visto por su plumaje y fea voz y se hasta se citan en el refranero humano con aquello de ¨Cría cuervos y te sacarán los ojos¨ referente al no agradecimiento y la traición entre las personas. Incluso un famoso escritor nuestro, Efraím Castillo, dijo en uno de sus poemas que tenía en el perfil de su personalidad, entre otros muchos, ¨un gen de cuervo¨.

Sí, los cuervos son de mi admiración y simpatía porque son unos sobrevivientes natos, unos vividores consagrados, unos caraduras del caray, y unos genios del oportunismo. Además ¿por qué no se puede ser amigo de los sinvergüenzas? De ellos se pueden aprender muchas cosas útiles… y ¡divertidas! Ah… y ahora hay un nuevo refrán: cría cuervos… ¡y tendrás muchos!

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