Un presidente a contramarcha de su clase

Por Claudio Acevedo

Durante los últimos decenios dominó en la escena económica mundial el concepto de que mientras menos Estado, mucho mejor. Era obvio que el reverso conceptual estaba implícito: mientras más sector privado, mucho mejor.

En ese criterio se sustentó un neoliberalismo feroz que se aplicó a rajatablas en los países latinoamericanos, y que en nuestro país dio pie al despojo y a la venta de las empresas estatales a precios de vaca muerta.  Y a esto siguió todo un desmonte de la participación del Estado en muchas áreas y actividades donde tenía predominancia, cediéndole esos espacios a la ‘libre iniciativa empresarial’.

Era la época de oro de un neoliberal “laissez faire, laissez passer”, es decir, dejar hacer, dejar pasar, que en el contexto de Latinoamérica tenía a Chile como icono y paradigma de su aplicación exitosa. De aquí devino y se inspiró la ola privatizadora que desmanteló el aparato productivo del Estado para favorecer a una cata de empresarios  en los sucesivos gobiernos neoliberales que tuvimos.

Por eso caminos anduvimos y todavía andamos, hasta que de repente despertamos a la realidad de una pandemia de Covid-19 que puso al desnudo las falencias y falta de respuestas del sector privado, agravando los estragos causados por aquella.

Chile mismo hizo implosión con todo el modelo que se nos estaba imponiendo. Y ahora allí dominan las corrientes político-sociales que pregonan más intervención estatal, sobre todo allí donde los empresarios fracasaron, por estar más interesados en ganar dinero que en resolver problemas.

Ahora, en nuestra República Dominicana, tenemos a un presidente empresario que luce imbuido de buena fe y que parece que busca dejar un legado ético en la conducción de la administración pública, con la persecución de la corrupción y una justicia saneada y transparente.

Ese presidente, Luis Abinader, a contracorriente de su procedencia empresarial, sometió a diálogo una propuesta de reforma fiscal,  la cual defiende con el argumento de que quienes  más pueden deben pagar más y que hay que suprimir exenciones que representan un gran sacrificio para el erario nacional.

Para tener una idea de lo que deja de percibir el Estado dominicano por estas exoneraciones fiscales, el mandatario dijo que este año el Estado perderá la oportunidad de recaudar 209,657.1 millones de pesos. Un monto equivalente al presupuesto anual de los ministerios de Salud, Obras Públicas e Interior y Policía.

Que esto lo diga un empresario en la Presidencia es como para caerse hacia atrás, puesto que el Estado no es más que la máxima representación de una clase en el poder. Pero este Ejecutivo parece halar hacia el lado contrario de sus intereses empresariales. Los pobres y nuestra clase media solo esperan que en la práctica sea así.

Seguramente (siempre partiendo desde la visión y la intención presidenciales), que el arrebatamiento de esos privilegios impositivos no le caerá simpático a los magnates, a la cúpula privada receptora, a los multimillonarios criollos, acostumbrados a medrar bajo la sombra del Estado.  

Una élite que siempre ha vivido en una especie de paraíso fiscal, gracias, precisamente, a las tetas y políticas gubernamentales que le ha permitido acumular fortunas ofensivas y escandalosas.

Pero como los altos estamentos empresariales no responden a una categoría monolítica u homogénea, sino que entre ellos existen contradicciones y luchas de poderes e intereses contrapuestos, hay que ver contra quienes va esta puja. Pronto sabremos esto cuando se desvelen el alcance y la naturaleza de estas exenciones.

Ojalá que el recorte o la eliminación presidencial de esos grandes beneficios fiscales se apliquen en aquellos sectores que han gozado y bailado la danza de los millones, que han sido los beneficiarios de subsidios, rescates financieros, contratos jugosos y ominosos y de créditos públicos sin retornos ni compensaciones.

Aspiramos a que esos recursos que entrarán por la vía de la supresión de concesiones se destinen al impulso y desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, y a favor de los emprendimientos prometedores. Que sí los necesitan de verdad.

El autor es director de Notiultimas.com

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