Trump lanza una descarga de ofensas contra sus opositores como estrategia para su reelección

Con 36 millones de desempleados y una economía en ruinas, culpa de todo a Obama, la OMS, los chinos, Biden, los migrantes, Pelosi…

David Brooks, Periódico La Jornada

Nueva York. El torbellino de ataques, despidos y acusaciones que diariamente provienen de la Casa Blanca –en particular contra cualquier crítica al manejo político de la pandemia que ha desatado la crisis de salud pública y económica– se ha intensificado como parte de la ofensiva electoral, repitiendo las tácticas sucias que ayudaron a llevar a Donald Trump a la presidencia en la pugna electoral de 2016.

En medio de una pandemia histórica y una crisis económica que en muchos sentidos es comparable a la Gran Depresión, el presidente se ha dedicado ha polarizar todo y continuar desafiando las llamadas normas políticas, dejando a muchos analistas asombrados ante el asalto diario contra opositores, disidentes, los medios y hasta integrantes de su gobierno, incluidos sus expertos en salud pública.

A finales de la semana pasada, el presidente despidió al inspector general del Departamento de Estado, quien aparentemente estaba investigando una venta de armas sofisticadas a Arabia Saudita promovida por el secretario de Estado, Mike Pompeo, así como su uso inapropiado de subordinados para hacer tareas personales. En abril, Trump despidió al inspector general del Departamento de Defensa y después a su contraparte en la comunidad de Inteligencia.

Ayer atacó a Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes y la demócrata electa más poderosa del país (si Trump y su vicepresidente Mike Pence se enferman y quedan incapacitados por el virus, ella asumiría la presidencia, según la Constitución), comentando que “es una mujer enferma…tiene muchos problemas mentales”.

La semana pasada afirmó que su experto en salud, el doctor Anthony Fauci, estaba equivocado al aconsejar en contra de la reapertura de las escuelas, y denunció a un alto funcionario de salud pública de su gobierno que testificó ante el Congreso sobre el mal manejo de la pandemia.

Y en los últimos días Trump regresó a su obsesión con su antecesor, al denunciar un escándalo inexistente al que bautizó como Obamagate, al cual calificó de el crimen y escándalo político más grande de la historia de Estados Unidos y “peor que Watergate”, donde sugiere, entre otras cosas, y sin pruebas ni detalle, que el gobierno de Barack Obama conspiró para fabricar la acusación de que la campaña de Trump se coludió con los rusos. El mandatario ha recurrido a culpar al ex mandatario –a quien llamó incompetente– de casi todo, incluso de ser responsable de que el gobierno de Trump no estuviera preparado para la pandemia.

Todo es parte de lo que algunos observadores ya pronostican será la campaña más sucia de tiempos recientes.

Parte de lo que explica este nuevo torrente de descalificaciones y ataques es que de pronto la estrategia para la relección, basada en que Trump solito había llevado al país de regreso a su gloria al generar la economía más grandiosa en la historia del mundo, se anuló con la pandemia. Ahora, con más de 36 millones de desempleados y una economía en ruinas, hay cierta desesperación en la retórica del presidente, quien insiste en que todo esto sólo es una interrupción, y culpa de todo a los demás, incluidos Obama, la Organización Mundial de Salud, los chinos y todos los migrantes.

Trump ha atacado a Joseph Biden, quien se supone será el candidato demócrata para la presidencia en las elecciones que culminarán en noviembre, no por sus posiciones, sino con insultos, burlándose una y otra vez de su forma de hablar, de su edad, repitiendo su apodo de el somnoliento Joe y hasta declarando que ni él sabe que está vivo. Pero por ahora, Biden mantiene una ventaja sobre Trump en las encuestas.

La relección de un mandatario que ha gobernado sobre la muerte de más de 90 mil estadunidenses y la peor crisis económica en 90 años no debería de ser nada fácil, y algunos temen que para lograrlo, Trump y su equipo tendrán que estar dispuestos a usar tácticas aún más extremas que las de 2016, incluyendo la intimidación, una polarización social más aguda y la supresión del voto; algunos están alertando de que incluso podría usar la pandemia para aplazar la eleccion misma si no está confiado en ganar.

Otros señalan que Trump sabe que las consecuencias de una derrota en noviembre podrían no sólo ser políticas, sino personales. Vale recordar que Trump ha sido acusado y está bajo investigación por toda una serie de asuntos que van desde violación sexual, pagos por silencio a una estrella de pornografía, enriquecimiento ilícito durante su presidencia, hasta posibles violaciones relacionadas con sus impuestos, entre otros asuntos sospechosos.

Biden se comprometió públicamente, al ser preguntado hace unos días, a no contemplar un indulto presidencial si Trump es acusado y condenado de delitos una vez que no goce de inmunidad presidencial.

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