No está claro que la llegada del calor pueda destruir al coronavirus

Por Sergio Hernández-Ranera Sánchez

El virus SARS-CoV-2 sigue suscitando muchas preguntas. Una de ellas atañe a la de su prevalencia durante la primavera y el verano. ¿Podrá una subida de las temperaturas ayudar a su eliminación? Aunque así fuera, el buen tiempo y un levantamiento de las medidas de confinamiento pueden entrañar un escenario de nuevos brotes.

Con la pandemia del nuevo coronavirus instalada ya por todo el mundo, las direcciones políticas de los distintos países cifran también sus esperanzas en la llegada del calor como un factor clave en la lucha contra la COVID-19. Así lo aseguró Donald Trump, quien dijo que se acabaría con la enfermedad en abril. Pero ya estamos en abril y EEUU es líder mundial en contagios, y España ha superado a China tanto en el número de infectados como de fallecimientos.

“¿Que si la pandemia se atenuará con las subida de las temperaturas? Ojalá, pero no se sabe nada, obviamente”, puntualiza a Sputnik la viróloga Margarita del Val, del Centro de Biología Molecular.

En principio la estacionalidad de virus como el de la gripe es clara; grosso modo, afloran en invierno y remiten en primavera. Pero el SARS-CoV-2 podría no comportarse así y aguantar igualmente bien con temperaturas benignas, no excesivamente cálidas. De ser así, una nueva oleada de brotes en otoño sería prácticamente inevitable.

“Las altas temperaturas son excelentes porque los coronavirus son muy sensibles al calor: cada día que pasan a +37ºC pierden 10 veces su infectividad. En tres días calentitos reducirían mil veces su capacidad de infección”, explica Luis Enjuanes, virólogo del Centro Nacional de Biotecnología adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

El buen tiempo no basta

Desde el punto de vista de la meteorología, no cabe esperar en España una abrupta subida de las temperaturas en abril y mayo, sino gradual. No se alcanzarán los +35 ºC o más hasta el filo de junio con julio. Además la bonanza favorece el contacto social al aire libre, por lo que la finalización del periodo de confinamiento podría poner a la población de nuevo en situación de riesgo. Por ejemplo, en mayo. Tal es la opinión de Jorge Olcina, responsable del laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante y presidente de la Asociación Española de Geógrafos:

“Si para mayo no se ha conseguido un control drástico de los contagios, la mayor estabilidad del tiempo atmosférico puede resultar incluso perjudicial”.

Es decir, ante la ausencia de una vacuna y una medicación eficaz, el efecto puede ser el contrario al buscado, pues si el virus pierde su capacidad infectiva a +37 ºC, con diez grados menos todavía tiene cierto peligro. No obstante, Luis Enjuanes explica que “la radiación ultravioleta inactiva a los virus”, por lo que un paseo con temperaturas agradables tendría también su parte positiva.

La mutación del virus, no tan peligrosa

La opinión pública, naturalmente lega en virología, suele aterrarse ante la posibilidad de que el virus SARS-CoV-2 mute. Pero es su proceso natural, los virus viven mutando. Y aunque todos los que han sido secuenciados se diferencian del “original” de Wuhan entre 0 y 20 mutaciones, esto no significa que ahora sean más letales. Es más, tras mutar, lo más probable es que se vuelva menos peligroso. ¿Por qué? Para asegurarse su evolución: si el nuevo virus mata a su huésped demasiado rápido, no podrá reproducirse e infectar al siguiente.

Pero hay una mutación peligrosa. Es la que afecta a la proteína que está presente en las puntas de la corona del virus. El virus se introduce en las células humanas justamente a través de esas puntas, que son también el elemento que reconoce el sistema inmunitario para detectar al virus y luchar contra él. Si una mutación propiciara un cambio importante de esa región del virus, una eventual vacuna podría no ser efectiva frente a las variedades mutadas.

Deja una respuesta