Mutación familiar

Jesús Antonio Fernández 

La crisis de la familia no es nueva ahora, esta lleva décadas. Estamos viviendo los tiempos de la desintegración familiar. Esto sucede porque no hay coherencia en las relaciones y la gente se miente a sí misma y a otros del entorno familiar.

Esto se conjuga donde también unos intentan manipular a otros y otros que se dejan manejar porque sacan no se que partido. Si hoy le preguntas a modo de encuesta formal a mucha gente te diría que no quiere formar una familia. La familia como ámbito social y protector está hoy casi desaparecida por lo menos en occidente donde el mito del dinero prevalece en la cúspide más alta de los antivalores sociales.

Esto ha evidenciado su fracaso estrepitoso, es un lugar donde no hay respeto ni relaciones humanas que vayan más allá de lo puramente formal. No quiere decir que la familia como tal no pueda renacer. Nacer desde las cenizas que hoy el avance de la desestructuración ha terminado de dar el puntillazo también a este ámbito donde el individuo se sentía protegido, cobijado y con seguridad interna en su avance y desarrollo hacia el mundo social, laboral y de relación.

Incluso la natalidad está en franco retroceso y sino hay problemas de fecundidad por doquier. Las nuevas parejas luchan por el dominio, que parte de la cocina me pertenece y que cosas tengo yo que no tiene mi pareja y viceversa.

Cada uno de nosotros tendrá que preguntarse, hacer una pequeña introspección acerca de qué quiere generar en el mundo aparte de comer y dormir. Entonces, a partir de ahí se podrá resucitar un nuevo modelo de familia y este será, obviamente, muy diferente al que hemos conocido antes en la historia con unos nuevos valores.

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