Movidas de Trump buscan ocultar sus fracasos

Por Felipe Ciprián
Santo Domingo.- La decisión de Donald Trump de anunciar el próximo traslado de la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén es una movida del equipo del gobernante norteamericano con un triple propósito: reafirmar su alineamiento con Israel, sabotear la fiesta de Rusia, Irán, Hezbolá y el pueblo sirio por la derrota definitiva del Estado Islámico, y finalmente superar la vergüenza de pasarse un año amenazando a Corea del Norte y despertar una mañana sabiendo que ese enemigo tiene misiles capaces de golpear cualquier punto del planeta.

Ninguna otra razón más poderosa que esas puede tener Trump para poner en riesgo la relación política y de negocios con importantes países árabes que si bien han abandonado en los hechos la lucha del pueblo palestino, aun no llegan a conceder que Jerusalén o Al Quds sea totalmente profanado por la apropiación ilegal israelí.

El propósito Trump era levantar una tolvanera que opacara su fracaso en Irak y Siria y peor aún, su impotencia ante el desafío de Corea del Norte de no aceptar su desarme y en cambio potenciar su armamento nuclear y su capacidad misilística.

Aunque Estados Unidos y Europa han sido las regiones más golpeadas por el terrorismo del Estado Islámico después de Siria e Irak, el pragmatismo de los gobernantes de estos países los llevó al doble rasero de armas a estos terroristas, proporcionarle información de inteligencia y logística en general para ver si derrocaban al gobierno de Bashar al Asad.

La situación en Siria en el año 2014 estuvo a punto de provocar la caída de Al Asad, pero la entrada de miles de combatientes libaneses de Hezbolá, de asesores militares iraníes y luego el apoyo masivo de Rusia con su fuerza aeroespacial, con equipos, personal y tecnología en septiembre de 2015, quebraron el espinazo del terrorismo e hicieron fracasar los planes de Israel y sus patrocinadores occidentales.

El Estado Islámico que aterrorizó al mundo, hoy está en derrota, lo que ha significado una victoria resonante para Rusia y su carismático líder Vladímir Putin, para Irán y sus Guardianes de la Revolución Islámica, para Hezbolá y su gran poder militar y político en el Líbano que se convertido en el principal disuasivo de Israel.

Ante la derrota del Estado Islámico, Trump lanzó una agresión simbólica contra los musulmanes profanando Al Quds.

Aunque su iniciativa ha desatado una tempestad en su contra y un aislamiento total en el Consejo de Seguridad de la ONU, además de exacerbar la condena en todo el mundo árabe a Israel, ese es el precio que está dispuesto a pagar para esconder su derrota en Oriente Medio y en desarmar a Corea del Norte.

Corea del Norte

Trump ha quedado mudo y con las manos atadas frente a la última demostración de fuerza de Corea del Norte, que si bien no tiene armas y recursos, ni tampoco apoyo político para vencer a Estados Unidos en una guerra, no hay duda de que ya tiene capacidad para hacer daño y mucho.

La ventaja de Estados Unidos en una guerra con Corea es estratégicamente incuestionable, pero tácticamente discutible por una razón sencilla: el poder militar estadounidense solo puede golpear los intereses políticos y económicos de Corea del Norte en su propio territorio.

En cambio, Corea del Norte tiene una variedad de blancos que si fueran atacados con éxito, desangrarían gran parte de los negocios de Estados Unidos. A pocos metros está Corea del Sur, muy cerca Japón, más lejos pero alcanzables Guam y la misma Australia para no hablar de Europa y el propio territorio continental norteamericano.

Es una tontería pensar que si Corea del Norte entra en la guerra con Estados Unidos se va a circunscribir a lanzar misiles cuando tiene soldados suficientes y artillería para hacerse con una parte importante del territorio de Corea del Sur en poco tiempo y provocar un pánico terrible en su población.

Eso explica el apresurado viaje a Corea del Norte del responsable de Asuntos Políticos de la ONU, Jeffrey Feltman, para sostener conversaciones con los líderes coreanos. Si fuera un país desarmable por la maquinaria de Estados Unidos sin pagar un alto precio, ese hombre no fuera a hablar con un régimen que la ONU ha condenado en forma reiterada por sus pruebas nucleares y de misiles.

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