Contra la vulgaridad

Por Juan Taveras Hernández

He visto algunos videos escandalosos de algunos “artistas” urbanos, sobre todo de mujeres, desnudas, mostrando sus partes más íntimas con movimientos lésbicos y obscenos que nada tienen que ver con el arte, con el canto ni con la música.

La vulgaridad y el mal gusto provocan morbo. De igual manera se escuchan “canciones” invitando a la prostitución, el consumo de drogas y la violencia. No hay doble sentido inteligente, ni bien concebido. Solo existe un sentido, vulgar y asqueroso, que en cualquier otro país estarían prohibidos antes de salir al aire.

Los “canales” de YouTube sirven de base para exhibir toda esa porquería concebida por mentes enfermas y sucias que dañan la juventud pervirtiéndola en grado sumo. Esos “canales” dejan ganancias por la cantidad de visitas que reciben. Mucha gente, con muy bajo nivel escolar y educativo, consumen sedientos, el morbo que se pone en pantalla. Esos “artistas” se enriquecen gracias al mal gusto, a la inversión de valores que prima en nuestra sociedad.

En nuestro país hay una inversión millonaria en la ignorancia de la gente desde hace muchos años. Escuché horrorizado a una “rapera” analfabeta, que no tienen más de cien palabras en su vocabulario, hablar en un programa de como le surgió la “idea” de una “canción”. ¡Sentí vergüenza al escucharla y verla! Dijo que la “idea” le surgió en una “cabaña” mientras le hacían sexo oral, etc., etc. ¡Qué mujer más desfachatada! Me pregunté, ¿qué hombre podría tener relaciones sexuales con una mujer de esa calaña, fea, por demás; fea por dentro y fea por fuera. Y como ella hay otras, y otros vendiendo pornografía en radio y en YouTube sin que nadie le ponga freno.

Se supone que el Estado es dueño de las frecuencias de radio. Como el Estado las da, igual tiene derecho a quitarlas. O por lo menos regularlas para que no caigan en manos de cualquier carajo a la vela. Usted no puede decir todo cuanto se le antoje en radio ni en televisión.

El Estado es garante de las buenas costumbres, de la ética, la moral y los principios que rigen en una sociedad organizada por las leyes.

El reglamento 824 de la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía hace muchos años debió ser modificado porque cuando se hizo no existía Internet ni las “redes sociales” donde se dicen y se difunden barbaridades sin consecuencia alguna. El Congreso debe actuar rápidamente contra los difamadores y los vulgares. La democracia y el libertinaje no son sinónimos. El presidente Luís Abinader debe crear una comisión encabezada por su consultor jurídico, doctor Antoliano Peralta para enviar un proyecto de ley ante las cámaras legislativas para poner orden en la radio, la televisión y las redes sociales.

¿Quién cuida y protege a la juventud de esos criminales morales de los medios de comunicación? ¿Quién nos cuida de los francotiradores del éxito ajeno, de los que atentan contra el buen nombre y la dignidad de los ciudadanos? ¿Acaso no es el gobierno? ¡Pues es hora de que el gobierno actúe!

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